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La moda en tiempos del coronavirus

A la clase política actual no se le deben quitar solo las prerrogativas. También el poder y reiniciar las bases de todo el sistema que nos representa como pueblo hasta que entiendan que solo son empleados de los mexicanos.

Si las gafas de la diputada Kristell son originales, estaríamos ante un hecho más reprochable que el de la llamada Lady Gucci. Y es que tan solo el costo aproximado de un accesorio como ese y de esa marca oscila entre los 10 mil y 8 mil pesos, lo cual está bien siendo su dinero, no obstante cuando eso equivale a poco más del 10 por ciento de su sueldo y probablemente solo sea un indicador de que todo su outfit de un día, iguala o supera sus ingresos quincenales. Sin especulaciones, no es congruente que un legislador de partido de supuesta izquierda, de esos que presumen ser del pueblo y para el pueblo, ostenten en tiempos de crisis y austeridad, sendos lujos habiendo tantas otras necesidades.

A esto sumemos el clima político donde Morena pide la eliminación de prerrogativas partidistas, lo cual hace de este lujo presumido por Kristell una bofetada para la austeridad reclamada.

Sin embargo, si fueran gafas de imitación o clon como les llaman, solo demostraría que hasta los legisladores apoyan la piratería, el comercio informal y la vida se apariencias donde vale más presumir la marca que la función que cumple el accesorio.

No olvidemos que este pecado no es único ni exclusivo de la perredista. A inicios de su gestión como diputado, Juan Javier Gómez Cazarin, fue criticado por lucir un cinturón de diseñador y el cuestionamiento fue el mismo, de ser de marca era un lujo y un derroche, de ser clonado una incongruencia al consumir productos piratas.

Lo que queda claro es que ni Kristell tendría calidad moral para reprochar austeridad, ni los morenistas han quedado excentos de estos tropiezos propios de novatos, políticos sin oficio en la grilla y que no por eso tienen menos mañas, por el contrario se exhiben más fácilmente sus incongruencias discursivas y el mareo de poder, síndrome común en la actual clase política de todos los partidos.






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